Hoy he llegado a casa, y la situación ya es insostenible. La frustración y la agonía que sienten cientos de ganaderos, entre ellos mi padre, es inimaginable.
Me entran escalofríos cada vez que mi padre abre la boca para hablar de algo, y es que en estos días solo se habla de una cosa, huelga de transportistas.
Hace unos días se reunieron cientos de ganaderos en la cooperativa de mi pueblo. El tema en cuestión era cómo hacer llegar los miles de litros de leche almacenados hasta Ávila. La tensión se respiraba en el ambiente, y las miradas se quedaban perdidas en el aire, esperando una respuesta, ¿cuándo acabará esta pesadilla?
Nadie alquila camiones, nadie quiere prestar sus servicios, nadie quieres abrir los ojos para ver este caos y poner una solución.
La valentía de estas personas hizo que cientos de trabajadores se armaran de valor para salir a escoltar los camiones cisternas, que de buena fe proporciono la misma cooperativa, para poder llevar esa leche y no sufrir pérdidas irreparables, que siempre azotan a este sector, y que ante cualquier problema es el más desamparado.
La angustia y la impotencia llegaron a su punto más alto cuando la policía, que les escoltó hasta Ávila, se “lavó las manos” cuando las cisternas tenían que entrar dentro de un polígono para descargar la leche, y en donde se encontraban varios piquetes.
La leche, después de un gran sacrificio, llegó a su destino, pero ahora todos se preguntan, ¿Hasta cuándo podremos aguantar esta situación?
Miles de litros de leche se están tirando diariamente al campo, porque es insostenible esta situación, todas las cisternas están llenas de leche y no pueden albergar más.
¿Habrá más camiones que transportar, se acabará la leche?
Necesitamos una solución inmediata, o será peor el remedio que la enfermedad. Miles de familias quedarán sin nada, y habrá que afrontar una verdadera crisis.
Viendo el panorama que estos días azota nuestro país creo que la huelga de un colectivo está haciéndole daño a todo el país. Respeto el derecho a manifestarse y a realizar una huelga, siempre y cuando tus derechos no intercedan en los derechos de los demás, siempre que la libertad individual de cada persona, la libertad de pensamiento, la libertad de libre circulación o simplemente la libertad de decidir que NO quieres hacer huelga, no se vea vulnerada por otras personas.